Explorar el subsuelo con datos: la nueva brújula de la minería

Explorar el subsuelo con datos: la nueva brújula de la minería

Por Felipe Bugueño, geólogo de Veracio

En un mundo donde la demanda de cobre, litio y metales críticos se intensifica al ritmo de la transición energética, la exploración minera enfrenta un dilema central: cómo descubrir recursos de manera más eficiente, precisa y sostenible. No se trata únicamente de perforar más, sino de comprender mejor lo que ya tenemos frente a nosotros.

Un ejemplo son las brechas hidrotermales, estructuras que durante décadas han sido reconocidas como pistas esenciales para descifrar la arquitectura de los sistemas porfídicos, esos gigantes geológicos que abastecen gran parte del cobre global. Estudiarlas revela la historia de fracturamientos y flujos de fluidos mineralizantes que concentran metales estratégicos como el cobre, el molibdeno o el zinc. Sin embargo, hasta hace poco, interpretarlas dependía de métodos fragmentados y lentos, basados en muestreos puntuales que dejaban inevitablemente vacíos en la información.

Esa limitación comienza a superarse con tecnologías como Scan™, que integran escaneo geoquímico (XRF) e hiperespectral de forma continua sobre testigos de perforación. Su valor no radica solo en la velocidad, sino en la capacidad de capturar patrones invisibles al ojo humano. La combinación con algoritmos de machine learning permite clasificar litologías y alteraciones de manera objetiva y reproducible, abriendo la puerta a una exploración menos intuitiva y más basada en datos duros.

Durante la feria FEXMIN en Chile compartimos cómo estas herramientas ya están identificando contrastes geoquímicos que revelan transiciones entre dominios mineralizantes, como el arsénico concentrado en brechas asociadas a pórfidos, o la presencia creciente de plomo y zinc en ambientes de alta sulfidización. Son vectores que orientan con mayor certeza dónde y cómo profundizar las campañas de sondajes.

El impacto trasciende lo técnico. Este enfoque reduce costos y tiempos de exploración, permite revalorizar testigos históricos y, lo más importante, disminuye la incertidumbre que condiciona las decisiones estratégicas en una industria de alto riesgo. El verdadero cambio de paradigma está en que la exploración deja de ser un proceso discontinuo, marcado por largas esperas de laboratorio, para convertirse en un flujo de información en tiempo casi real.

La pregunta de fondo es qué rol jugarán la inteligencia artificial y el análisis inmediato en el futuro cercano. Todo indica que serán protagonistas. La exploración minera se transformará en un sistema dinámico, donde los modelos predictivos se ajusten al mismo ritmo en que avanza la perforación, optimizando recursos y aumentando las probabilidades de éxito.

 

No estamos hablando de reemplazar la experiencia geológica, sino de potenciarla. La mirada crítica y el conocimiento del terreno seguirán siendo insustituibles. Pero ahora contamos con instrumentos que amplifican esa capacidad, aceleran el descubrimiento y, sobre todo, permiten responder de manera más responsable al desafío global de asegurar metales para la transición energética sin repetir los errores del pasado. El futuro de la exploración se escribe en las brechas hidrotermales, pero también en la manera en que usamos la ciencia de datos para leerlas mejor. Y ese futuro, más eficiente y sostenible, está comenzando hoy.

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